LAS DOS ORILLAS
“AIRE A-CONDICIONADO”
Ocurre que se me ha encendido el filamento al leer 2 noticias “opuestas” (pero sin embargo complementarias) a modo de “ahora te digo esto” y “ahora te digo esto y más”. Debo confesar que me ha encantado la situación, porque es muy fácil quejarse y más fácil no aportar algo que encamine una solución al “quejío”. Y en este caso, he contemplado algo absolutamente felicitable y que todos/as deberíamos practicar con más frecuencia (me pongo el primero): me acabas de enseñar algo y me he parado en la belleza de lo que dicen tus palabras. Voy, me paro, y después me caigo…esto es lo que hay.
Y me voy al suelo cuando reparo en que soy tan merecidamente irracional como para leer algo y en vez de pararme a masticarlo bien, sólo lo hago para recrearlo y hacer la digestión del tirón. Esa puede ser la razón fundamental de por qué nos la pegan con tanta frecuencia en todos los órdenes de la vida, plagada demasiado a menudo de por sí, de interminables “órdenes” que obedecer.
En primer lugar (y con todo respeto a un tema tan delicado), ¿alguien me puede explicar por qué coño a unas personas con una desgraciada enfermedad necesitada de alguna solución inmediata don dinero les permite afrontarla con, por lo menos, más celeridad que a otras? .¿Qué pasa, que las largas listas de espera para el “pueblo llano” (de esta palabrita ya hablaremos, que me pone malo) son devoradas de forma sublime por un dedito como el de Agaete?, porque, si señores, el dedito sigue ahí, lo que pasa es que está cansado de que le pidan cosas a cambio de nada y va y aprovecha un “aire” para sumergirse, (de todas formas, ya llevaba un tiempo sin acicalarse). Y es que para lo que viene, mejor duchaditos/as. Esto supone que la Seguridad Social siga siendo, para muchos de nosotros, un grupo de música, simplemente. Los que pueden permitirse, y me alegro por su salud, hacérselo de privado tipo Houston cotizan también pero, ante una gorda, no lo dudan. Algo falla.
Continuando con los despropósitos y directamente a colación con lo publicado en Noticias Gran Canaria, vamos con los niños, esos sin culpa de nada pero a los que hacemos culpables de todo…ASÍ DE CLARO. ¿No es verdad que cuando suena en casa el sonido estruendoso del vidrio, quejándose de un viaje demasiado en picado para su gusto, lo primero que pensamos es que el jodido vaso ha sido víctima del suspenso en historia de la criaturita?. ¿Es menos verdad que estamos todo el santo día inculcando a nuestra adorable descendencia la inconveniencia de subirse a la escalera porque tememos la inevitable caída y, cuando la ostia sagrada se produce, les culpamos de la misma?. Pero…¡¡coño!! si no le enseñas a subir bien…. ¿Cómo carajo pretendes que sepa caer?, ¿O es que en eso ya viene curtido el infante?. Y cuidado, que como la personita estornude y se atreva a asomar un moco sospechoso (vamos, que no sea verde) vamos directitos al psicólogo, porque aquí pasa algo relacionado con algún misterioso trauma que, casualmente, casi nunca tiene que ver con los padres que lideran la autopista de despropósitos que recorren los hijos.
Tengo 43 años. Lo digo más que nada por la casualidad de haber nacido en 1965. En este tiempo me ha pasado de todo y no me ha pasado de nada. Perdónenme un segundito, es que me voy a poner “Entre 2 Aguas” del maestro Paco de Lucía, que me viene al pelo ahora……
Ya, por donde iba, ¡ah sí!, menudo punteo. Si algo he aprendido en este tiempo, es a escuchar la incuestionable docencia de las personas con sombrero y bastón de cara no siempre arrugada, esos que si se caían, que jugaban con la cosa más inverosímil que tuviera la osadía de caer en sus manos, aquellos cuyo único psicólogo era la dura vida que les acompañaba en su presente pasado ya, además del doctor gofio. Y siguiendo los dictados de mi consciente aprendizaje de semejantes sabios, vamos al fondo del asunto, las ONG,s.
Ahora suena “Río Ancho”, que también me viene al pelo (y no estoy de coña, lo estoy escuchando de verdad). Y es que ancho es el río para recoger los frutos de las cosechas esparcidas en sus márgenes. La cuestión es ¿de qué italiana materia están formadas ambas orillas?. Pues está claro: de pasta las dos.
En una orilla tenemos a ciertas organizaciones que dan la impresión de que van por la vida pregonando sus labores humanitarias, con objeto de obtener reconocimiento social y, de paso, si “cae algo” pues mejor que mejor. Me refiero a esas parecidas a ciertos “ecologistas”, que presumen de serlo montados en un “buga”, que van metiendo unas leches que no veas a eso que está cuando miramos p’arriba. Si, eso azul, naranja ó gris que, a veces, chulea con nosotros pintándonos una curva de color, después de “otra” buena duchita. De esta orilla ya han caído algunos y seguro que caerán más. Al cielo dicen que se sube y que para caer hay que reencarnarse.
En la otra orilla están los que se levantan “con la pata izquierda” y aquí me gustaría hacer un pequeño inciso: no entiendo esta expresión ya que soy zurdo, y esto supone que me he pasado toda la vida levantándome con una mala leche que te cagas. Pues va a ser que no. Bueno, pues conozco gente que aunque tenga un problemón de vida muy serio, son capaces de tragárselo para atender a otros que muchos llaman, ignorantemente, “desgraciados”.
Esta orilla no esta hecha de “pasta pre-cocinada”, como la otra, no huele a Aire A-condicionado. En esta orilla se aprende todos los días que la pasta se cocina poco a poco y que, sólo al final, hay que darle un hervor para que coja su puntito. De esta orilla sólo se cae por agotamiento y no por culpa de un suspenso en historia (que se lo digan al vaso). La pena es que esta orilla es susceptible de desbordamiento por excesos de la otra, ya hemos visto casos recientes en que pagan justos por pecadores.
Y, ya que volví al asunto de los niños, sin querer, me gustaría decir que de nada vale la huchita de cuestación famosa si no se les enseña primero la realidad, para, simplemente que partan de ella para corregirla. Ahí está la clave de todo y lo que más me gustó de lo que leí antes. Enseña primero las miserias para que tengan una buena base de partida para poner la tierra del árbol con ganas y con ABSOLUTA CONCIENCIA de que eso si y lo otro no.
¿O es demasiado difícil enseñar que una escalera se sube peldaño a peldaño?.
Madrid
“ME GUSTA EL AMARILLO”
Por Juan Carlos Peña
Pues
sí, a mí me gusta el amarillo, ese color que tan mala suerte evoca
al mundo teatrero y aledaños, el color del sol.
Recuerdo,
en mi época de estudiante en Madrid, que hacía viajes a las 2 de la
mañana en un 727 que no sé por qué mecánica razón, debía
ser el bicho con alas que más se meneaba de toda la flota aérea de
la compañía en cuestión. Debía ser por eso el intespectivo horario
y el generoso importe del billete (aunque una pasta, comparado con lo
que hoy se consigue). El caso es que me daba siempre por ponerme una
camisa amarilla cuando viajaba, era por simple elección,
no por superstición, para tremendo disgusto de los pasajeros que iniciaban
su sudoración en el mostrador de facturación y la culminaban sólo
cuando el depredador con turbina por ojo (el 727 llevaba una sola en
la cola) clavaba sus garras en el asfalto de las cartas (perdón, Barajas).
Lo digo solidariamente puesto que también fui presa por un tiempo de
esa situación, que sólo me abandonó cuando viajé por primera vez
con mi primer hijo, un bebé, por aquello de que acababa de descubrir
que había una existencia más importante que la mía y mis instintos
más básicos me hacían velar por ella, olvidándome del propio narcisismo
vital. Y así hasta hoy, menos mal.
Estudiaba
- que siii…que también estudiaba – en la Facultad de Ciencias de
la Información, esa cuya cafetería fue fiel reflejo de la movida madrileña
de los 80’ durante ese periplo inolvidable. Era como estar en una
reunión de tupperware (p’a nosotros….el toperguell de toda la vida)
pero en vez de hablar de transparentes recipientes de petróleo ya refinado,
se rumoreaban tertulias tipo “órdago a la grande” o tipo “la
Alaska acaba de abrir un pedazo de discoteca con bolera, todo incluido”
(y no cuento lo que llegué a ver allí dentro por una primitiva cuestión
de buen gusto). Además, el lugar estaba cerca de otro antro famosillo
en los corredores vitales de los veinteañeros y posteriores “genera…
perdiciones”, que en ese instante de la vida nos dio por coincidir.
Los porteros de este último local (¡¡me acordé!! el Berlín) hacían
su tan llamativa faena nocturna (iban vestidos como de toreros o así)
cortando orejas y rabo a todo aquel bicho viviente que se atreviera
a sudar unos calcetines blancos, ¡¡con lo bonitos que quedaban con
los zapatos negros!! . La verdad es que nunca me han gustado las faenas,
pero menos las que nos hacían a nosotros, proyectos de come mundo,
privándonos del inmenso honor de ver a personajes de la cosa musical
(sobre todo) y la posibilidad de echar unas risas con ellos. Esto último
nunca por idolatría, sólo pretendíamos saber si aquello era buena
gente o estaban algo subidillos de consentimiento, como el de la fusa
y semifusa cuando ven que el compositor acaba de corregir la partitura
y les quita de en medio la incomoda presencia de la corchea (…la blanca
esperando su oportunidad, como en el dominó).
Nunca
me sentí más canario que en aquellos años. Sabía que estaba aprovechando
mi momento de exilio y era consciente de que a esa fruta le tenía que
sacar hasta el más recóndito hilo de su alma pero, cuando venía,
el mar me devolvía el remanso de un recuerdo plagado de olas que cebar
y gente a la que honrar. Cuando volví a mi tierra, mi familia me decía
que venía con más acento “pepemonaguiano” (famoso contador de
cuentos de la más pura idiosincrasia canaria, nacido de la afinada
pluma de Francisco Guerra Navarro en 1948) que cuando me fui.
¿Cómo
iba yo a renegar del amarillo y más cuando este ilustre caballero
dorado formaba parte del estrato más alto en el escalafón cromático,
en su condición de color primario sustractivo?.
Sólo
dos veces me abandonó, he de confesarlo. La primera, por otro componente
de su banda con el que se juntaba para hacer cosillas “verdes” (algo “aditivo” este, por no
decir adicto). Y es que el color
del mar
a él también le tiraba mucho.
Le
perdoné. Pasó un tiempo y volvió a separarse de mí, se juntó con
un comunista con la excusa de que me quería ofrecer
unas maravillosas y anaranjadas puestas de sol.
Natalia y agaete
DIARIO DE LA INCO “PRESIÓN”
Por Juan Carlos Santana Peña
Buenas
noches. Son las 24:00 horas del día quinc…., dieciséis de mayo,
bendito segundero. Me encuentro en mi morada reflexionando, p’a variar,
sobre lo que me azota y requiebra, también sobre lo que me alegra y
reconforta. ¿Qué opción elegir?.
¡¡LAS
DOS!! (que tarde se me ha hecho y sólo he escrito cuatro líneas).
Hoy
me ha pasado algo especial. He ido a Agaete y he vuelto a sentir el
abrazo de la infancia, he vuelto a recordar el olor de la tiza, la goma,
el lápiz, la libreta y demás… todo centrifugado. Es un olor que
no sé describir y jamás podré escribir; es algo que las fosas nasales
reciclan como el payaso embauca a la sonrisa, es único, es…..el reflejo
de la oscura sombra descubierta por la madre luz..
La
palabra fosa nos transporta a lugares demasiado ignominiosos, ¿por
qué le habrán llamado así al respiradero de nuestro sentido olfativo?.
Pues, probablemente, porque quien tuvo la ocurrencia no sabía lo que
la historia futura le tenía preparado a la definición. En fin,
esto me azota y requiebra.
Ella
se llama Natalia y es una preciosa niña de casi tres años a la que
me une “cierto parentesco”. Su beso es radiofónico, no está ahí,
aunque lo puedes sentir físicamente, porque las ondas que transmite
no son frecuencia modulada, el espectro es demasiado amplio para captarlo
en su totalidad….¡¡ hasta que pasa!!. En ese momento te das cuenta
de que lo que acabas de recibir es una lección de pureza en toda regla,
algo que ni siquiera se puede comparar al olor de la pizarra, la tiza….aunque,
ya que no se puede describir, ni escribir (y perdonen la “pegijería”)
concluimos en que algo se asemeja al hecho punible.
Es
una dulce “presión” que azota la faz de tu rostro ya tan dibujado
de episodios insostenibles, cuyo espejo se convierte en arrugas, sostenibles
todas, gracias a la bondad de aquello que contradice lo evidente:
Mientras más años cumpla, más vivo. Y, claro, la dilución es
tanta que me recuerda al imparable efecto del cambio climático, los
polos se derriten y MAGNUM haciendo publicidad…!! Manda huevos!!.
Al
final, como siempre, queremos sacar conclusiones de todo y no nos damos
cuenta de que hay pasajes de nuestra vida que no las necesitan.
Hoy
fui a Agaete, y de paso tuve la osadía de sacar unas fotos de aquellos
botes de pesca de los de antaño. Esos plagado de historias de personas
con bellísimas arrugas en sus manos – castigadas por las escamas
que posibilitan su medio de vida- y caí en la cuenta de que esas fotos
(una en especial) me devolvía lo que tanto tiempo busqué: el olor
imposible, la quintaesencia de todos los sentidos, algo “INCO”nprensible:
La profundísima “PRESIÓN” (y ahora la fosa se vuelve amable) de
algo tan sencillo como es la realidad latente de sentir el amor de alguien
que ni siquiera está en primaria, y es que PARA AMAR NO HAY QUE ESTUDIAR.
Esto me alegra y me reconforta.
Gracias Hija Mía, te lo devolveré con creces, te lo prometo.
También prometo, si llegan a leer este derroche sentimental, hacerles partícipes de la fotografía tomada en circunstancias de absoluta embriaguez paternal, vamos, de la más pura y tierna sensación de que esto me está pasando a mí. Tengo mucha suerte de seguir cumpliendo años…¿me explico ahora?.Pues sí, al final me animé y fui al Maratón Fotográfico de Mesa y López. Fue un día magnifico (era la primera vez que participaba). Conocí gente, caminé mucho, me vi haciendo chorradas como hacía tiempo e incluso tuve la suerte de conocer a cierta persona a la que ya echaba de menos hacerle una “autopsia visual”, vamos, que todo fue perfecto, excepto un episodio doloroso con mi cámara de fotos.
Él se llama Olympus, aunque solemos feminizar el objeto en cuestión, ya que su naturaleza puede que se acerque más a los roles que atribuimos a las damas, dicho esto como un piropo a las susodichas, fundamentado en la belleza que le otorgamos que, casualmente, suele ser la más captada por la primera.
Pero Olympus no, MI CÁMARA ES MACHO y no hay quien se lo discuta, mira la puntería que tuve al comprarla….ahora me alegro.
Pero “Oly” (como me gusta llamarle) ese día, se me está atravesando algo. A medida que iba transcurriendo el concurso notaba que estaba haciendo cosas raras, le daba al disparador y se abría la tapa de la pila, ponía el flash y me sacaba imágenes negras, sacaba una foto vertical y me la hacía en círculos, vamos, que se le había “empatado” el cable rojo con el rojo y estaba “más p’allá que p’acá”.
Ye llevaba un rato mosqueado y pensando que lo mejor sería irme a tomar un cafecito y a leer la prensa ya que aquello, estaba claro, se había terminado cuando, de pronto, ocurrió. Algo pensaba en el bolsillo de mi pantalón que había una batucada o algo fuera, pues empezó a temblar de forma espasmódica, tal fue así, que poco a poco empecé a vislumbrar una esquina gris abriéndose paso al exterior…¡¡¡era Oly!!!, no era el móvil.
Sé que costará creerlo, pero cuando le agarré me mordió con la rueda del zoom…..yo no daba crédito. Oly es de los pequeños, no mide más de 8 cms., ¿cómo podía hacer tanto daño una cosa tan diminuta?. Ya no sabía qué hacer ni que pensar, ¿qué carajo estaba pasando? ¿era yo? ¿el café que me había tomado era puro colombiano?. Y así, sin anestesia, si señoras y caballeros, oí el gravísimo tono de mi querido agresor, ¡¡¡ Oly soltó su verbo y comenzó su monólogo!!!:
¿Pero qué te pasa a ti pendejo? (me espetó). Llevas más de tres cuartos de hora flipado con los pepinos esos que les ponen a las cámaras que están hoy aquí. Si capullo, me refiero a esos que sus dueños les ponen con rosca para alargar a sus compañeras. ¿Qué pasa?, como yo no tengo rosca ya no valgo, ¿no?. ¿Y la foto que te saqué en familia o la de tu hija en la playa?...¿ya te has olvidado?. Eres patético tío.
Buff, yo me quedé tieso, Oly estaba celoso, me hablaba, tenía sentimientos y me hacía partícipe de ellos, por no decir que me los escupía directamente. Reflexione un instante y pensé en cuantos buenos momentos habíamos compartido, la complicidad a la que habíamos llegado y me dije: me voy a sincerar con él.
Le puse con mucha suavidad encima de un cubo de basura, para que me fuera cogiendo respeto, y con la voz más firme y grave de todo mi repertorio de gallos o patadas al viento, le miré “a su ojo” y le dije: “Mi buen amigo, pero de qué te preocupas, no ves que miro sin mala intención?. Es que con esos pepinos se deben de sacar unas fotos de escándalo, pero no por ello te voy a abandonar. Es más, estoy seguro que la mitad de esos no hacen falta aquí y están infrautilizados por sus dueños/as, ¿pero no lo ves?. Además querido Oly, no has reparado en un pequeño detalle.
Esos pepinos necesitan una rosca para excitarse y tú no, tu sólo te excitas “cuando te enciendes” y en eso somos iguales. ¿Te imaginas que yo tuviera rosca?, menudo coñazo. Míralo así; tu confórmate con tu “pepinillo” porque sólo funciona cuando ves algo bello y los que ves a tu alrededor necesitan poco menos que un acoplamiento espacial para que, al final, el instante que buscan probablemente se haya ya esfumado con el diafragma (¿es esto femenino?) pa’rriba y pa’bajo.
Oly, en ese momento, se alongó al cubo, pegó un brinco y se introdujo inmediatamente en el bolsillo de mi pantalón. Al momento comencé a notar una vibración muy placentera, que me “encendía”.
Era mi móvil, Oly me estaba poniendo los cuernos.
NOTA: No sé si será verdad, pero alguien me comentó en el concurso que el año pasado ganó una foto tomada con una cámara digital de andar por casa. Parece que hizo “Poesía del Instante” con la sombra de un perro.
PCI: Buenos días.
PI: Buenos días caballero (por aquello de “entrar” de aquella sublime forma).
PCI: Después de nuestra última conversación telefónica, al fin me he decidido por este local, pues creo que reúne los requisitos para el negocio que quiero emprender, como le dije, un bazar de prensa.
PI: Me alegra que se haya animado, seguro que su negocio se convertirá en un referente en la zona para todos los que, como usted, se deciden a ser su propio jefe, pero….vamos a los detalles.
PCI: ¿Qué detalles?.
PI: Fundamentalmente los que afectan a su brillante iniciativa, vamos, lo que llamamos en el gremio “metros cuadrados que usted va a requerir”.
PCI: Ah, bueno…había pensado que, como este local tiene 120 metros cuadrados, podría dedicar 100 al bazar y 20 al almacén. ¿Cómo lo ve?.
PI: Mmmmnn….¿ha pensado usted que hoy la prensa se vende en función de las promociones?.
PCI: Pues claro, por eso necesito los 20 metros para almacenar el “menaje”.
PI: ¿20 Metros?.
PCI: Sí, ¿Cuál es el problema?.
PI: No me interprete mal caballero, pero considero que para el proyecto que usted va a emprender va a necesitar algo más….
PCI: ¿A qué se refiere?.
PI: ¿No se ha enterado usted?.
PCI: ¿De qué?.
PI: ¿Le puedo tutear?.
PCI: Por supuesto buena gente, usted me está ayudando y eso para mí, en los tiempos que corren, es muy valioso.
PI: Te lo agradezco, pues bueno Ernesto, te lo digo porque en puertas, amanece una promoción del concesionario de automóviles “Troyota”, ¿sabes de que te hablo?.
PCI: Algo he oído Pepe Juan, pero no sé los detalles.
PI: La bomba Ernesto, ¡¡La bomba!!.
PCI: Pero…¿eso para la apertura será bueno, no?.
PI: ¿Bueno?...estírate más Ernesto, esto va a ser un antes y un después de las promociones, estamos hablando de lo vivo que has estado al elegir este momento para iniciar este tipo de negocio, lo has clavado compañero, y perdona por la confianza, pero es que estoy delante de un verdadero triunfador.
PCI: Dime, dime Pepe Juan, me tienes cardiaco, ¿qué va a hacer “Troyota”?.
PI: Agárrate, van a regalar un CD/DVD para el coche de tecnología punta, vamos…… lo último que ha llegado.
PCI: Buff…que visión he tenido en el momento justo, pero, ¿en qué afecta esto a mi futuro almacén?, no veo el problema, si quieres firmamos ya.
PI: ¡¡Se dijo!!, vamos a firmar.
Nota: (Se establece el contrato en firme).
PCI: Bueno Pepe Juan, dime que tengo que hacer para abrir ya, y perdona que abuse de tu confianza, es que supongo que en esto ya estas muy puesto y…..como hemos llegado a este nivel de camaradería, dame el último consejillo, buen amigo.
PI: Pues nada Ernesto, qué con el CD/DVD viene el coche incluido, y estamos hablando de 250 unidades.
PI: Por cierto, tengo una nave industrial en primera línea y vistas al mar para tu despacho, querido amigo.
PCI: Pero cuanto sabes Pepe Juan…..cuanto sabes.
es el nítido síntoma de lo pasado
La que todo lo capta, ….ese espacio donde no sabemos lo que pasa, donde no sabemos el envoltorio en el que estamos inmersos, cuando no controlamos el déficit de nuestra conciencia, cuando decimos…. ¡¡basta!! .
Creemos que lo sabemos todo pero “sin embargo” (gracias, Sabina) no controlamos nuestros instintos más básicos. Esto es ….¿qué sabemos, qué pretendemos? La milésima de segundo es patrimonio del fotógrafo, del pintor, del literato…. del que vive para hoy y no para historias lejanas, del que capta el instante y no lo distante, (eso, para los que viven pensando en la recompensa eterna), pero ¿Qué pasa cuando miras por el espejo retrovisor? .
Lo de siempre, me arrepiento de haber hecho esto o lo otro, de no haber espabilado a tiempo, de no actuar cuando mis instintos más básicos me requerían la atención de un bebé demandando padres y madres (o padres y padres o madres y madres), reclamando mi forma de ser, moldeada, desgraciadamente, por estereotipos que se sumergen en el abismo de la sinrazón. Ahora es el momento de jugar a las adivinanzas.
El espejo retrovisor es el nítido síntoma de lo pasado, de lo vivido, de lo que podemos anticipar. El espejo retrovisor es nuestro reflejo, del que debemos aprender para no volver. El espejo del baño sólo sirve para preguntarte, recién (qué bonito es Buenos Aires) estrenado y salido de la ducha, si lo limpias tú o el que ves reflejado, ¡¡Ponte de acuerdo contigo porque si no, mal lo llevamos!!.
Al tanto, estas palabras se las llevará el viento pero la perspectiva de nuestro pasado es propiedad indivisible, ¡¡ Que me quiten lo bailao!!. Lo único es si vamos a ser capaces de sobrevivir a esta realidad que ahora nos acaricia, la que nos muestra que lo vivido fue mejor………¡¡¡Y UNA LECHE!!!. Somos nosotros los que moldeamos lo que nos pasa, pues, harina entonces, y a definir nuestro futuro y menos quejas y más ansias de construir nuestro presente.
Yo, de momento, me voy al maratón fotográfico de Mesa y López a captar el momento, y eso que de fotografía voy escaso, eso si, le tengo mucho aprecio a mi humilde cámara digital y sobre todo, A NO SENTIRME MENOS QUE NADIE, simplemente que he consultado a mi particular espejo retrovisor y me dicta que debo realizar poesía del instante.
Es más, si me lo pide el cuerpo, igual hasta me atrevo a utilizar una lupa para dar gusto a la creatividad que todos llevamos dentro…..vigilaré con la misma como baluarte de que somos lo que queremos, no lo que pretendemos.
“La indecisión es la antesala del hastío” (igual es de alguien, pero se me acaba de ocurrir…que le vamos a hacer).
2008, Abril calimas mil. No sé de qué nos extrañamos, pues esto es normal. Hace ya tiempo que hemos sufrido este polvo (sin segundas) que hoy todo el mundo justifica por el cambio climático. Cierto en parte, pero evidente….me explico:
Hoy en día hay un déficit bastante notorio de ideas propias debido a las presiones de diversa índole a las que estamos sometidos. Antes, tener iniciativa estaba bien visto, denotaba espíritu emprendedor, ansias de mejora, aportación de nuevos horizontes antes no explorados que se salían de lo común.
Se aprovechaba el ramalazo creativo que suponía, entre otras cosas, avances que repercutían directamente en la mejora de un estado de embriaguez creativa demasiado dormida. Hoy, desgraciadamente, esta actitud produce celos, envidias, ¡¡ no soporto que se te haya ocurrido eso!!,
NO. Es imposible tener inquietudes sin que nadie te las desgaste con su falta de seguridad, esa calima que envuelve, misteriosamente, un resquicio de ausencia de personalidad que pretende atrapar en su regazo ideas ajenas convertidas en propias.
Por eso reclamamos lo mas simple, permítanos, si es tan amable, expresar lo que tenemos dentro y valore la conveniencia de mostrárselo a la sociedad; siempre tendrá la potestad de utilizar un concepto, hoy tan manido, como es el beneficio de la duda…. para eso estamos.
Para lo que no estamos es para que nadie coarte nuestra iniciativa y menos para que se produzca un corte de suministro en nuestro espacio creativo por culpa de presiones insidiosamente celosas; no estamos para apagones que no nos dejen expresar lo que sentimos…sólo estamos para aquellos que entienden la palabra DELEGAR como un síntoma de seguridad y confianza (y si puede ser, el inicio de una fructífera amistad).
Delega en nosotros que, si nos equivocamos, siempre tendrás la opción de restregárnoslo en la cara y, si no, te concedemos la autoría de los hechos….pero nunca te concederemos nuestro espacio, ni siquiera te entregaremos nuestra alma, que quede claro.
Si tienes telescopio tíralo, lo más conveniente en estos tiempos es sentir lo que nos pasa.
Te propongo un baño a las 2 de la mañana en la playa. Mas que nada, para entender lo sana que es la calima, eterna compañera de viaje de todo canario que se precie.
A lo peor no eres tu mismo, pero refrescará ese espacio dónde dicen que habitan las ideas.
2008, Abril, la calima esconde el cielo, pero siempre lo podremos ver si miramos más allá de lo que nos dicten.
Vamos a ver: La construcción a pique y en medio telediario se forma detrás de ella una fila india semejante a la más ordenada formación de una escuadra militar. Si no hay bloque, menos cemento, azulejos a los que echar la lechada (por cierto, curioso que baje la leche en la construcción y suba en alimentación), electrodomésticos en los que mirar el triste sándwich nocturno de los que habitan consigo mismo, muebles para que los menos maduros se hagan un recuerdo en la frente con sus esquinas, limpia muebles, como no, televisores para que el doctor house nos diga de una vez que va a hacer con la dichosa pierna que nos preocupa tanto y así hasta llegar al meollo de la cuestión….ahora que todo baja, nadie tiene un duro para comprar saldos.
La gente se ahoga con su cruz particular de recibos impagados, pero, curioso, grandes tiendas repletas de seres consumiendo a diestro, cuando no a zurdo, y siniestro. ¿Alguien nos lo explica?.
Pues si, nos lo va a explicar la vaca (llamémosla “sota”). El pobre animal es el culpable de que suba la leche, ya que el cereal que consume hace falta como materia prima para fabricar biodiesel, ese carburante del futuro que nos va a salvar del cambio climático, esto es, que dentro de poco, o pagamos los cereales (que comienzan a escasear) a precio de lingote dorado o la vaca se va a tener que conformar con ¿chorizo de Teror?. Me lo pregunto porque a lo peor descubren de este preciado alimento sus propiedades para generar energía solar, al tiempo…
Mejor, nos lo va a explicar el economista (llamémosle “caballo”). Este erudito viene anticipando hace tiempo, con su dulce verbo cálido, lo que iba a ocurrir. Lo que no nos explicó es que nos íbamos a pelear en un bar por comer, ya que dan el periódico gratis y eso, compañero/a, es mucha bondad. Eso si, para él esto es cíclico.
Como este último argumento parece que tampoco convence, vamos a ver si nos lo explica el sentido común (llamémosle “rey”).
El sentido común nos dice que citemos a William George Ward (escritor y teólogo inglés) que nos dejó este “recadito”:
“El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas”.
Lo dicho: “SOTA, CABALLO Y REY”.
¿400 euros?
¡ Pero… si no hacía falta hombre!. Ya estaba duchado y aseado, con mis deberes mañaneros realizados e intentando que el nuevo día, por lo menos, no estuviera teñido de “tizne siroco” que da un punto de ruindad a los automóviles y a sus ¿dueños?, que parece que nos hemos convertido en una extensión de los mismos, en vez de lo contrario.
En fin, que aún sigo sin comprender porqué eso de que un equipo de fútbol está agotado y no juega bien la segunda parte, más que nada, observando el hecho de que si de casualidad marcaran un gol, ¡¡¡ coño!!! pues van los caballeros y/o señoras y se pegan todos una galopada a 150 Km./h por todo el terreno de juego (algunas veces de juerga) festejándolo y olvidándose de los dolores musculares. Es que la sesera da p’a mucho cristiano y el ánimo hace que el cuerpo se mueva al son de la alegría que da saber que ese simple gol supone una pasta mensual…..y, que no se nos pase, añada usted 400 euros más y le aseguro que la carrera son capaces de perpetuarla hasta la jornada siguiente, ah, se me olvidaba, como lo del patrimonio también influye en el estado de ánimo creo que, a partir de ahora, los goles se van a celebrar con un asadero con lo cual los partidos de fútbol, durarán alrededor de 6 horas o así.
Bueno, mientras inviten no hay problema, yo pongo la mantelería de papel con la primera banderilla que me claven…jurao.
En cuanto a la segunda banderilla, que me dicen me van a poner en cómodos plazos mensuales, creo que la voy a invertir en bolsa, más que nada por el tema de los dividendos y ya que estamos en el tema también por los sumandos y sustraendos (copios).
Jesús…que mareo.
